El País (25/12/17).-La palabra “diálogo” se ha convertido en un fetiche. Como si por el solo hecho de ser pronunciada, y todavía más puesta en práctica, uno ya se hallara en el buen camino de la resolución de un conflicto. “¿Cómo es que no dialogan?”, es habitual oír quejarse. Más aún si resulta que todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Porque sí, hace de mal decir que se reniega de ello. Es políticamente incorrecto…

 

El País (on-line)

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